lunes, 18 de noviembre de 2013

RELATO 2: 18 de noviembre

18 de noviembre. Que bonita y aleatoria fecha, ¿no? No sé, hoy es 18 de noviembre. ¿No os parece la mejor fecha del mundo? ¿No? Bueno, puede que para vosotros no lo sea, pero para mi sí. ¿Por qué hoy? Y... ¿por qué no? Un 18 de noviembre puede pasar cualquier cosa. Puede incluso no pasar absolutamente nada. Pero afortunadamente pasó. No hoy, sino hace ya años. Bastantes ya. Yo no sabéis lo que me alegra que haya pasado. Y no me refiero a que haya pasado el 18 de noviembre, sino a eso que haya pasado. Vale, es una fecha, un número, pero es LA fecha, EL número. Y para mí es de los días más bonitos del año, en el que pasó todo. Toda mi suerte se concentra en un día, y ese día es hoy, 18 de noviembre.
Bueno, y que mejor que celebrar este día que regalando algo. No soy de regalos materiales sin significados, me gustan los detalles, me gusta regalar sonrisas, miradas, abrazos y sobre todo momentos. Así que, a eso voy. A regalar un momento, un instante, unas palabras. Porque la vida es eso: momentos, recuerdos. Hagámoslo realidad.

Viernes noche. Invierno. Pies fríos. Oscuridad, velas. Llaman a la puerta.
-Vooooy -gritó ella mientras encendía la última vela que le quedaba. Ya estaba todo listo. Se miró en el espejo, y se echó un último vistazo antes de abrir la puerta. Se había duchado, se había peinado con ganas, se había puesto su ropa favorita de invierno y se había echado unas gotas de su perfume, el que tanto le gustaba a él. Se dirigió a la puerta y dijo: -¿Contraseña?
-Mmmm... ¿Que te quiero? -contestó él-
-Meeec. ERROR.
-Te quiero muuucho, mucho. -Respondió él-
-Meeec ERROR.
-¿Vas a dejar que me muera de frío aquí fuera? Ábreme y te digo la contraseña- le propuso él. Ella dudó, pero acabó abriendo. Él se quedó mirándola, le gustaba como iba -
-¿Contra...-Intentó decir, pero él se adelantó, la agarró de la cara y presiono sus labios contra los de ella. Los labios de él estaban congelados, y los de ella ardiendo. Llegaron a la misma temperatura.
-¿Te sirve esta contraseña? -Preguntó él, mostrando la sonrisa más bonita que ella haya visto-
-Puede, aunque solo me sirve si me la das tú- le contestó mientras ella le miraba a los ojos, le volvía a besar y le mordía el labio.-
-Espera, ponte esto, no puedes ver nada -Le dijo ella mientras le tapaba los ojos con su pañuelo- No hagas trampas
-No si me das un beso. Por cierto, me encanta como huele el pañuelo, a ti. - Ella le besó, le agarró de la mano y le llevó hasta el dormitorio. Todo estaba iluminado únicamente por velas. En una mesa había comida italiana (lasaña), y encima de la cama un sobre y una carta.

Le quitó el pañuelo y él se quedó maravillado con aquella escena. Miró a la chica, y la regaló una sonrisa que iluminaba toda la habitación. La agarró y la besó. La besó con ganas, con ilusión. Tenía el mundo en sus manos. Y era irresistible. La llevó así hasta la cama y la desnudó. Daba igual la comida, la carta, el sobre, lo que llevara puesto o lo que no.Sólo le importaba estar con ella.
-Espera. Mira el sobre- le dijo ella, intentando pararle, pero era imposible.
'Bueno, luego tendrá que darse prisa en hacer la maleta.'. Pensó ella.

En el sobre se podía leer: Buenas noches Madrid - Buenos días Nueva York. Billetes para esa madrugada para ir a aquella ciudad de la que ambos estaban enamorados. Pero la ciudad podía esperar. El amor no.

Lucía

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