lunes, 23 de diciembre de 2013

RELATO 8: Tres años





Frente a mí, con mirada divertida, pose chulesca y una sonrisa vencedora en su cara. Tengo que recordarme a mí misma que estoy enfadada para no correr y echarme a sus brazos, me lo nota porque su sonrisa todavía se exhibe más vencedora en su rostro.

Dani: Reconócelo, estás celosa.
Anna: No estoy celosa

Me esfuerzo en negarlo una y otra vez, avanza hacia mí y yo cruzo los brazos para obligar a crear una distancia, él igualmente, sin dejar de reír rodea mi cintura, acercándome a él, aunque mis brazos siguen haciendo de escudo entre los dos, va a besarme pero giro la cara, sus labios aterrizan entonces en mi mejilla, donde noto que sonríe, me deja ahí el beso y apoya su frente en mi sien.

Dani: ¿Sabes que celosa estás preciosa?

Me hace sonreír aunque arrugo la  boca para que no me salga la sonrisa, intento parecer dura por fuera, pero su voz, lo que dice y cómo lo dice hace rato que me han derretido por dentro. Me encanta, me vuelve loca y es algo que no puedo evitar… me sonríe con esa chulería  que hubiese odiado de cualquier otro chico, hace que con él me tiemblen las piernas.

Anna: Que no estoy celosa te digo, pesado…

Trato de deshacerme de sus brazos, pero tampoco es que ponga excesivo empeño en ello, él me aprieta más fuerte y echa la cabeza atrás soltando una carcajada.

Dani: No mi niña, que va…¿tú celosa? Nunca…

Lo miro de nuevo, mordiendo mi lengua para no reírme, trato de fulminarlo con la mirada, pero él sonriendo me besa la punta de la nariz.

Dani: Eres una celosa…pero aparte de eso, te encanta que vaya tras de ti.- Apoya su frente en la mía- Te recuerde lo loco que estoy por ti, que te diga que eres la mujer de mis sueños, que te camele… y sabes que me encanta hacerlo, porque estás preciosa celosa, porque lo estás por lo mucho que me amas, y porque…-Sus labios rozan mi mejilla, respira mi aroma haciendo que mi piel se erice y ahora se acerca a mis labios- Me pones mucho enfadada…

Sus manos descruzan mis brazos cuando descubre en mí una sonrisa que ya no puedo contener, las coloca alrededor de su cuello y yo lo abrazo fuerte pegando nuestras tripas.

Anna: Tú también eres un celoso… el que iba toda su vida de liberal en el amor, y era un pasota resulta que conmigo es un celoso que no soporta que nadie me mire ni me toque de más.

Sonríe al igual que yo, roza su nariz con la mía y todavía me aprieta más contra él, muerde mi labio inferior y lo estira.

Dani: Me declaro culpable de todos los cargos

Se ríe, ahora reímos los dos y nos besábamos, entreabre nuestras bocas y nuestras lenguas se funden hablando solas, sus manos empiezan a deslizarse de mi cintura a mi cadera hasta coger mi trasero y apretarlo en ellas atrayéndome hacia él.

Anna: Dani…-Le reprendo entre besos y él sonríe sin separarse-.
Dani: Tres años juntos y aún me reprendes cuando te meto mano.
Anna: Es que estamos en mitad de la calle
Dani: Es que en plena calle sigues siendo mía…-Me besa con ganas antes de que pueda rechistar- Además… en el fondo te encanta que sea tan pulpo contigo.

Me río porque tiene razón, y seguimos devorándonos a besos, pegados completamente al otro. Con Dani me encanta su posesión y celos, siempre en su justa medida, que sea un pulpo, que nos vacilemos, que pelemos mientras vemos en los ojos del otro a parte del enfado las ganas de besarnos. Me encanta que sea tan loco y que le dé igual el mundo, cualquier rincón le parece perfecto para pararme y besarme como si fuese el último beso que me va a dar en su vida, para luego coger mi mano y seguir andando como si nada. Con Dani nada se piensa, todo se siente, se vive.

Dani me ha cambiado la forma de vivir el amor, me ha obligado a quitarme todos los muros que levantaba para protegerme, me quito las rodilleras, coderas y casco para ofrecerme su mano antes de saltar al vacío. Pero desde que cogí su mano he empezado a vivir de verdad, a vivir cada instante.

Yo le he enseñado a frenar, a que sepa disfrutar de las pequeñas cosas, como puede ser pasar un domingo en casa echados en el sofá viendo películas, series o tan solo con mis pies sobre sus piernas mientras juega a la play y yo leo un libro. Él me ha enseñado a relajarme, a dejar de pensar tanto las cosas, dejar de tratar de controlar cada cosa, a disfrutar del descontrol, del caos…a que el hecho de ser adultos no nos impida disfrutar como niños.

Y de este modo,  de dos maneras de ser que parecían opuestas hemos creado un perfecto equilibrio. Tres años juntos, uno ya viviendo juntos, por el día trabajamos sin parar, las noches las combinamos con amor y pasión. Los sábados no paramos…cuando no hacemos una cosa es otra y…los domingos los pasamos en nuestro sofá.



Una de sus manos desaparece ahora mismo de mi trasero y a los segundos noto un flash, me separo para mirarle.

Anna: ¿Qué haces?
Dani: Inmortalizar otro pequeño gran momento a tu lado.

Me da un beso rápido y me coge la mano echando a andar rápido de pronto, casi obligándome a correr, me desconcierta un poco.

Anna: Dani –Sigue tirando de mí- Dani –Doy un tirón de su brazo haciendo que se gire- ¿Pero dónde tan rápido?

Dani: Es que tengo prisa por hacerte el amor…

Y así, sin más, echamos a correr por las calles de Madrid hasta nuestra casa, nos besamos con nuestras respiraciones agitadas por la carrera, mientras Dani abre la puerta a tientas, me levanta con una mano por la cintura metiéndome en casa mientras yo no dejo de besarle, una vez dentro cierra la puerta con el pie, y lo que pasa tras esa puerta, ya es cosa nuestra.


@CrisSimonMV

viernes, 13 de diciembre de 2013

RELATO 7: Olor a canela.






Cuando desperté aquella mañana la cama aún conservaba su olor, y recuerdos de la noche pasada inundaron mi cabeza. Me parecía mentira todo lo ocurrido, ¿era aquel el milagro que me devolvió el espíritu navideño? Una sonrisa se pintó en mi cara y perezosamente me puse en pie.
La actividad frenética de aquella mañana consiguió alejarle de mi mente por unas horas, pero a la hora de comer, cuando el timbre sonó, los nervios se hicieron dueños de mi estómago. Abrí la puerta y allí estaba, alto, imponente, de sonrisa infantil. Su mirada tan calmante, en ese momento me contemplaba dulcemente.
-He traído comida del italiano que te gusta- y sin más, me dio un rápido beso y puso la mesa.
¿Así de rápido sucedía todo después de tantos años? Le miré en silencio, contemplando todos sus movimientos. Parecía que sí.
Las navidades eran las peores fechas. La última vez que le vi era Navidad, justo antes de que se fuera de mi vida. Dijimos muchas cosas y prometimos otras tantas. Al final, como siempre, no se cumplieron ni la mitad. Mucha distancia, poco tiempo...
Pero hace unos días le encontré de nuevo, en una librería de La Gran Vía. Lo cierto es que ambos vamos poco a ese tienda, pero entonces nos apetecía no sé bien el por qué, ¿casualidad o destino? Y allí estaba, más maduro, más hecho, con los mismos pelos del flequillo de punta y la misma barba de tres días.
Nos quedamos mirándonos sin saber bien qué decir, hasta que el dependiente me preguntó si buscaba algo en concreto y esa fue nuestra salvación.
Al salir de allí fuimos a una cafetería y hablamos de todos estos años con la complicidad de quien no se ha separado nunca. Sus ojos estudiaban mi cara y yo grababa en mi memoria cada una de sus expresiones. Mis manos deseaban tocar las suyas, pero no me atrevía.
Fue una tarde maravillosa que terminó con una despedida en la boca del metro. La vuelta la viví en una nube y al llegar a casa me vibró el móvil. Tenía un whatsapp, Dani me preguntaba si me apetecía comer con él al día siguiente. Casi sin pensar dije que sí. Esa noche apenas dormí.
El día empezó de cabeza, era 23 de diciembre, la gente estaba nerviosa y deseaba acabar pronto.
Habíamos quedado en su casa, un agradable piso alquilado cerca del centro de Madrid. Al cruzar la puerta un intenso olor a canela inundaba la estancia. No me lo podía creer, estaba haciendo galletas, ¿Dani?, ¿en la cocina?
Con una sonrisa me dirigí hacia allí.
-¿Qué veo aquí? El señor "no a la cocina" ha encendido el horno para hacer dulces…
-No te sorprendas tanto,- me contestó - el olor a canela me ha ayudado a pasar muchas Navidades...
En esas palabras había mucho más de lo que se decía pero no quise profundizar en ello. Me dirigí al salón y comencé a poner la mesa, luego cotilleé un poquito por el apartamento.
El salón era amplio y luminoso. Uno de los rayos que entraba por la ventana, me hizo fijarme en el mueble de la esquina. Un pequeño objeto brillaba en uno de los estantes, era la pulsera que me regaló mi madre con mi nombre. Siempre creí que la había perdido. Pero allí estaba, más brillante que nunca, tan cuidada como un tesoro, y en manos de quien no esperaba. Mientras la sostenía, incrédula, su voz resonó en la estancia:
-Siento habérmela llevado, pero tenía que tener algo tuyo…- metió las manos en los bolsillos y me miró- y eso era lo que más cerca estaba de tu piel…
Me estremecí al escucharle. No sabía qué decir. "¿También te he echado de menos?", "¿No tenías derecho a llevártela?". Le podía decir eso y muchas más cosas, pero solo quería besarle, sentirle, tocarle como hacía años que no hacía.
Dejé la pulsera donde estaba y fui hacia él. Sin más me puse de puntillas y lentamente besé su labio inferior. Él me agarró y empezó a besarme, primero dulcemente y luego... nos perdimos sin más…
Así comenzó nuestra Navidad, lo que me devolvió el espíritu navideño, nuestro pequeño milagro.
Al principio todo fue un secreto, no queríamos que nadie se entrometiera en nuestra felicidad, pero en estas fechas es algo complicado.

Decidimos contar a nuestras familias que todo volvía a estar en su sitio, nunca perdieron la esperanza de volver a vernos juntos.
 La cena de Nochevieja en casa de mis padres fue una locura de abrazos, besos, preguntas, confidencias y buenos deseos.
Él había regresado a mi vida en todos los sentidos, y esta vez, para quedarse.

                                                                                                                              Anabel.

viernes, 6 de diciembre de 2013

RELATO 6: Una más de cientos.

ESCUCHAR LA CANCIÓN ;)
-¿Por qué yo, Dani? ¿Por qué ahora? ¿Por qué esto? ¿Por qué nosotros? ¿Por qu.
-Shhh... cállate -colocas tu dedo índice en mis labios mientras me miras, deseoso de probarlos. Siento los azulejos del portal fríos sobre mi espalda. Hacen un contraste perfecto con el incendio que tengo ahora mismo sobre mi cuerpo-
-Soy una más de cientos, y lo sabes. Una más de tus conquistas, una más a la que dejarás sola en la cama a la mañana siguiente. Pero te digo que quiero que lo hagas porque yo también sé jugar a esto -Rodeo tu cuerpo entre mis piernas mientras te beso como lo llevo queriendo hacer mucho tiempo. Mientras tú te mueves hasta el ascensor conmigo encima-
-Puede que no sólo seas una más, sino la definitiva -dices entre jadeos mientras das al botón de mi piso. Las puertas se cierran y mis poros se abren a través del paso de tus labios por todo mi cuello. Me tienes ganada, mira lo que consigues con cuatro besos tontos. El ascensor arde a nuestro paso. Vamos a incendiar el portal a este ritmo- -¿Quieres pecar conmigo? -no sé cuando ha sido el momento en el que me has quitado las llaves, pero las tienes y abres la puerta de mi apartamento. La cierras con el pie y nos llevas a mi habitación aún a medio amueblar. Me dejo caer en el colchón . Te tumbas sobre mí mientras me recorres el cuerpo con tus manos y tus labios. Mi cuerpo y mi mente quedan totalmente hechizados de tu olor y de ti. Y caemos en el pecado más maravilloso que puede haber. Te deslizas por mi como si te supieras de memoria todos mis lunares, mis puntos flacos. Pero también yo sé de ti, también sé en que punto dejarte sin aliento y que tu respiración cambie de ritmo constantemente. Intento no darte el gusto de verme disfrutar tan fácilmente, pero derribas mis intenciones aunque tú haces lo mismo conmigo y también yo consigo derribar tu fuerza dejándote al descubierto, indefenso. Quiero esto, y lo quiero de verdad. Sé que esto no va ser para siempre pero quiero que esta noche el mundo se pare y que solo seamos nosotros dos quienes nos movamos. No quiero que dejes de besarme, ni por supuesto de que dejen de chocar nuestros huesos, ni que tu chulería me deje de picar diciéndome que no te gusta como te follo. No quiero que me sueltes las manos mientras te balanceas sobre mi. Porque aunque no me guste reconocerlo me das tanto... Tanto de todo... Me sacas de mí y me elevas contigo, a tu terreno, a donde puedes manejarme a tu antojo. Pero eso tú no lo puedes saber, mi orgullo me lo impide aunque a veces te dejo ver que estoy a tu entera disposición aunque no te des cuenta, porque como ya te he dicho, soy una más de cientos y después de mí vendrán más, pero, eh, siempre a tu disposición, recuerdalo.-

No sé que pasó después, o más bien no quiero saberlo, no quiero recordarlo. Sólo sé que me sentí incómoda en aquella postura en la que desperté, intento encontrar la adecuada para estar a gusto. ¿Ves? Lo que yo decía, una más de cientos, no estás, ni a un lado de la cama ni al otro. Era de esperar, supongo. Me siento mal pero no me duele nada, nada exterior ni físico, me refiero. Porque por dentro... pff. Sólo quiero estar contigo, Dani. Quiero volver a aquel momento en el que no era una más de cientos. Que era la única y la definitiva. Pero mi orgullo va por delante, siempre ha ido y siempre irá y eso ni tú ni nadie lo puede cambiar, nunca oirás salir de mi boca un 'te echo de menos' o algo parecido aunque estés a miles y miles de km como ahora mismo. Te diré mil y una vez que no me gusta como follas y te diré que eres malo. Me guardo para mí lo mucho que me encanta tu cuerpo, lo mucho que me gusta cuando tus manos recorren todo mi cuerpo. Aunque me muera de ganas de decirte que te echo de menos, no te lo diré, aunque en verdad es que te echo, te echo muchísimo de menos

-Lucía

lunes, 2 de diciembre de 2013

RELATO 5: Ese momento...

-Ese momento, el mejor del día, en el que estás abrazada a la persona que más quieres mientras él duerme y entran los primeros rayos de sol por los pequeños huecos de la persiana es en el que mejor me siento, tranquila, relajada, escuchando su respiración. Y es justo en ese momento, en el que piensas que no puedes estar mejor cuando se sube a la cama, tras venir corriendo, una pequeñaja rubia, de ojos azul-verdoso, con apenas tres añitos para despertarnos y que la llevemos al parque. Es justo ahí dónde soy la mujer más feliz.
Ahora Dani, como casi siempre, le hace cosquillitas a Nora, que no deja de reír. Y yo, aquí sonriendo como tonta mientras los miro.

Otro sábado más no podemos evitar no ir al parque, con lo que le gusta... Mientras ella juega con algunos amiguitos de la guarde que nos hemos encontrado nosotros hablamos con los demás padres sobre los colegios que hemos pensado ya que empiezan en Septiembre y ya estamos en Mayo.
Una vez la gente ya se ha ido la llevamos a comer a Mc Donald's, que hace bastante que no vamos y le encantan los muñequitos del Happy Meal.
Nora se lo pasa genial en el mini parque de juegos, pero como tenemos que ir a comprar se enfada un poco.
Va enfurruñada todo el camino hasta que le enseño una colonia con el dibujo de Minnie-
Anna: Mira Nora, ¿te gusta? -asiente sacando una pequeña sonrisa-
Nora: Chi, yo quero
Anna: sólo si me das un besito -digo sonriendo mientras me agacho a su altura y ella se separa de la mano de Dani para darme un beso y un abrazo-
Dani: Venga mimosas, que sino no acabamos -dice riendo levemente y volvemos a lo que estábamos.
Me paro en la zona de productos más "íntimos" dónde veo predictors...-
Anna: Cielo... -le digo a Dani cuando pasa por mi lado-
Dani: ¿Que pasa? -veo que los ve y me mira extrañado-
Anna: No lo se, pero... al verlo me he acordado de que tengo un retraso...
Dani: ¿De verdad crees que...?
Anna: No estoy segura cuqui... -al final lo acabo cogiendo y una vez en casa tras haber colocado todo y con la peque dormida decido hacerme la prueba.
Esperamos viendo la tele en el sofá. La verdad es que no lo había pensado aún que tuviera un retraso hasta que no lo he visto...
Más o menos a los cinco minutos lo miramos y la respuesta que menos esperábamos es la que nos encontramos... Pero tampoco es mala-
Dani: Un peque más para la familia cielo -me dice sonriendo-
Anna: ¿Crees que le gustará a la peque? -desde que lo he pensado creía que iba a dar negativo, pero al darme cuenta de que es todo lo contrario estoy muy contenta. ahora solo me preocupa la peque...-
Dani: Claro que si cielo, tu tranquila.

-A los pocos días se lo contamos a Nora y se lo toma mucho mejor de lo que me pensaba. Está muy ilusionada desde el momento en que lo supo y solo quiere que nazca ya. Éste si que es el mejor momento, en el que te sientes más feliz que nunca y que tu vida esta llena de todo lo bueno: amor, felicidad y cariño-


Alba, @albapique